El movimiento es uno de los recursos más difíciles de introducir en un jardín utilizando únicamente elementos vegetales. Las gramíneas responden especialmente bien a esta función gracias a sus hojas finas, sus portes ligeros y unas inflorescencias que reaccionan de forma muy visible al viento.
Cuando las utilizamos en grupos, generan superficies cambiantes que aportan profundidad y naturalidad al diseño. Su aspecto puede variar considerablemente con la luz, el viento y la estación del año.
Podemos encontrar variedades compactas para primeros planos y otras capaces de alcanzar una presencia considerable dentro de un macizo. Esta diversidad facilita trabajar distintas alturas sin perder la sensación de ligereza.
Su interés ornamental no depende únicamente de la floración. Hojas verdes, azuladas, cobrizas o rojizas permiten construir combinaciones que mantienen personalidad incluso fuera del periodo de aparición de las espigas.
Las inflorescencias aportan una textura diferente y pueden prolongar su valor decorativo después de secarse. En determinados diseños preferimos mantenerlas durante parte del invierno antes de realizar la poda correspondiente.
Una de sus grandes ventajas es la facilidad para integrarlas en estilos paisajísticos muy diferentes. Podemos combinarlas con arbustos, aromáticas, vivaces, xerófitas o plantas de flor.
Funcionan especialmente bien en plantaciones repetitivas y en masas de diferentes densidades. Una selección adecuada permite utilizarlas en jardines contemporáneos, mediterráneos, naturalistas o de bajo mantenimiento.
En nuestro vivero trabajamos con diferentes especies y variedades destinadas al uso profesional. Nuestro catálogo incluye gramíneas con distintos portes, tonalidades, texturas y periodos de interés ornamental.
Seleccionamos cada planta teniendo en cuenta su aplicación paisajística y facilitamos sus principales datos técnicos para que jardineros, paisajistas, viveros y distribuidores puedan escoger con mayor criterio las variedades adecuadas para cada proyecto.